Obituarios de un no-país, pronto en amazon

El 24 de febrero de 2015, el impacto emocional producido por el asesinato en San Cristóbal, estado Táchira, de Kluiverth Roa, me impulsó a escribir una crónica poética porque necesitaba exorcisar de alguna manera los sentimientos de rabia, tristeza, frustración e impotencia que se entreveraban en mi alma.

«Asesinado por un disparo de escopeta de perdigón en la cabeza».

«Asesinado por un funcionario de la Policía Nacional Boliviariana».

Reza la ficha de Kluiverth Roa cuando uno busca su nombre en Google. Nació en el año 2000 y fue asesinado en el 2015.

Quince años duró su vida. Es que en dictaduras y tiranías, la vida puede durar 15 años, o menos, cuando la represión se lo propone.

Cuando escribí «Hoy, sólo veo madres», la crónica poética que le dedique al muchacho asesinado en San Cristóbal, jamás pensé que, dos años más tarde, mis noches de insomnio transcurrirían escribiendo crónicas poéticas, crónicas luctuosas, obituarios, impactado por la matanza que cundió en el no-país en los largos meses de protestas y sangre. De asesinatos, muerte, llanto y dolor.

Pero así fue. Mis días se convirtieron entonces en un dolor que sólo lograba exorcizar dedicando textos a los asesinados. Obituarios, crónicas poéticas que ahora compilo en un libro titulado «Obituarios de un no-país», que saldrá a la venta a finales de febrero en formato digital para kindle y en físico, a través de todos los dominios de amazon.

El texto dedicado a Kluiverth, abre los obituarios del libro y da paso a las crónicas poéticas escritas casi a diario durante los sangrientos meses de 2017, esos luctuosos meses entre abril y agosto, cuando la frase «Venezuela es un luto en gerundio», subtítulo de mi libro, se lleno de un doloroso significado.

El amigo José Francisco Delgado Arauz me regaló un texto «Letanía de lágrimas» que presenta al libro y la querida amiga Marlene Nava otro hermoso texto «Última lágrima» que va a manera de colofón.

La periodista Mari Montes (@porlagoma), quien me acompañó en esas noches de tristeza con su amable lectura y su empatía en la tristeza, me regaló estas líneas que van en la contratapa del libro:

Los escritos contenidos en este libro, tienen, no sólo el valor de dar cuenta de los asesinatos ocurridos durante las protestas de 2017, la crónica impecable que narra lo sucedido con cada uno de ellos y de estar muy bien escritos, como nos tiene acostumbrados Golcar; además contienen el dolor desgarrado de un escritor que con una velocidad asombrosa, describía el momento y su dolor, que era el de todos quienes sabíamos de esas muertes injustas. Con especial sensibilidad nos presentaba cada víctima, respetuoso y considerado, pero sin pretender apaciguarnos, pudimos percibir su nudo en la garganta y su tecleo afincado, como una daga, o mejor dicho como una bala. Con la amargura de ver morir de ganas de país en el «no país».

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